
Por Dª. Ruth de Andrés de Prado | Enóloga y CoFundadora de ALEAVINI.
- Enóloga y Cofundadora de ALEAVINI, empresa dedicada a la exportación de vinos españoles y al acompañamiento comercial de bodegas en mercados internacionales. Licenciada en Química y Enología, con formación especializada en el ámbito del vino, desarrolla su carrera combinando conocimiento técnico, sensibilidad comercial y relación directa con clientes, bodegas e importadores de distintos países. Desde ALEAVINI trabaja para acercar vinos españoles de calidad a mercados internacionales, siempre desde una visión profesional, rigurosa y muy vinculada al producto.
¿Qué es un PERITO para mí?
Cuando me propusieron escribir sobre qué es un PERITO para mí?, me di cuenta de que, hasta hace no demasiado tiempo, mi idea sobre esta profesión era bastante limitada.
Sabía que existían los PERITOS, claro. Sabía que intervenían en determinados conflictos, reclamaciones o procedimientos. Pero, siendo sincera, los asociaba a situaciones muy técnicas, muy específicas y, quizá, algo alejadas de la vida cotidiana. Pensaba en grandes empresas, en industrias complejas, en siniestros importantes, en maquinaria muy especializada o en conflictos judiciales de cierta envergadura.
En mi cabeza, un PERITO era alguien a quien llamaban otros: compañías de seguros, abogados, empresas muy técnicas o personas con problemas muy concretos y difíciles de resolver. No pensaba que pudiera ser una figura cercana, útil y necesaria para alguien como yo, en una situación aparentemente más común.
Hasta que me tocó vivirlo.
La experiencia surgió a raíz de un problema con un vehículo que solo tenía tres años. Un coche relativamente nuevo, del que una espera un funcionamiento normal, razonable y acorde con su antigüedad. Sin embargo, apareció un fallo grave de motor que suponía una reparación importante. Y ahí empezó una situación que, al principio, me resultó profundamente incómoda.
Cuando no eres especialista en una materia, todo se vuelve más difícil. Te hablan de piezas, averías, causas posibles, garantías, desgastes, responsabilidades, informes técnicos, usos del vehículo… y aunque intentas entender, sabes que estás pisando un terreno que no dominas. Tienes la sensación de que algo no encaja, de que no deberías asumir tú sola una reparación así en un coche tan reciente, pero no sabes cómo demostrarlo.
Esa fue, para mí, la parte más frustrante: sentir que podía tener razón, pero no tener los conocimientos ni las herramientas para explicarlo de manera sólida.
Porque una cosa es pensar que algo no es justo, y otra muy distinta es poder acreditarlo. Una cosa es tener una intuición, y otra convertirla en un argumento técnico, ordenado y defendible. Y cuando estás ante una empresa, una aseguradora, un taller o cualquier interlocutor que maneja un lenguaje técnico, esa diferencia pesa mucho.
En ese momento comprendí el verdadero valor de contar con un PERITO.
No se trataba solamente de tener a alguien que “supiera de motores”. Se trataba de contar con una mirada experta, independiente y rigurosa que pudiera analizar lo ocurrido, revisar la documentación, estudiar el origen del problema y explicar de forma clara qué había pasado realmente.

Un siniestro nunca debe analizarse de forma aislada ni fragmentada. La peritación exige una visión 360º donde cada elemento forma parte del conjunto: desde el análisis del soporte documental y la trazabilidad de las actuaciones, hasta la verificación técnica, las mediciones, los procesos de reparación y la coherencia causal de los daños. Porque la verdadera diferencia no está en recopilar información, sino en saber interpretarla con criterio, rigor, experiencia y visión global.
Para mí, el trabajo PERICIAL fue una forma de poner orden en medio de la incertidumbre.
De pronto, aquello que parecía confuso empezó a tener una estructura. Los hechos se ordenaron. Las causas se analizaron. Las posibilidades se valoraron con criterio técnico. Y lo que para mí era una mezcla de dudas, preocupación e impotencia se transformó en un informe claro, preciso y fundamentado.
Esa fue la gran diferencia.
El informe no era una opinión más. Era un trabajo profesional, minucioso e impecable, en el que cada conclusión estaba apoyada por un análisis. Gracias a ese trabajo se pudo demostrar que el problema respondía a un fallo del motor y, finalmente, conseguí que me abonaran el importe de la reparación.
Evidentemente, el resultado económico fue importante. Una reparación de ese tipo supone un coste considerable, y más aún cuando una entiende que no debería asumirlo. Pero, mirando hacia atrás, creo que lo más valioso de toda aquella experiencia fue sentir que no estaba sola ante algo que no comprendía del todo.
Sentí que alguien podía traducir técnicamente lo que había ocurrido. Que podía explicarlo con rigor. Que podía ayudarme a defender mi posición sin exageraciones, sin dramatismos y sin perder la objetividad. Y eso, cuando uno se enfrenta a una situación así, tiene un valor enorme.
Desde entonces, mi idea sobre qué es un PERITO cambió completamente.
Para mí, un PERITO no es solo una persona experta en una materia concreta. Es alguien que aporta claridad cuando tú no tienes suficiente conocimiento para interpretar lo que está pasando. Es alguien que convierte hechos complejos en explicaciones comprensibles. Alguien que analiza, documenta y da forma técnica a una realidad que, sin esa ayuda, puede quedar diluida entre opiniones, versiones contradictorias o simples suposiciones.
También entendí algo que me parece muy importante: no saber de algo no significa que no puedas llegar a entenderlo.
A veces, cuando nos enfrentamos a un problema técnico, sentimos que estamos fuera de lugar. Que no tenemos derecho a preguntar demasiado. Que, como no dominamos el tema, tenemos que aceptar lo que nos dicen. Pero no debería ser así. Una buena explicación puede cambiar completamente la manera en que vivimos una situación.
Que te expliquen las cosas con detalle, con paciencia y con respeto es fundamental. No solo para comprender mejor el problema, sino también para recuperar cierta tranquilidad. Porque cuando entiendes lo que ocurre, aunque sea una situación complicada, dejas de sentirte tan vulnerable.
CONCLUSIÓN
Por eso, hoy, si tuviera que decir qué es un PERITO para mí, diría que es una figura mucho más cercana y necesaria de lo que yo imaginaba. Es un apoyo técnico, sí, pero también una garantía de rigor y de equilibrio. Es alguien que puede ayudarte a defender tus derechos cuando el problema supera tus conocimientos.
Mi experiencia me enseñó la importancia de ponerse en buenas manos, de confiar en profesionales serios y de no resignarse simplemente porque una materia nos resulte desconocida.
Porque no saber no significa no poder entender. Y no entender al principio no significa que no puedas defender lo que es justo, siempre que cuentes con el acompañamiento adecuado y con un trabajo profesional bien hecho.