
Por Dª. Nancy Tamargo Rodríguez | Directora en el Área de Desarrollo de Negocio | Responsable programas de Liderazgo Femenino EOI
- Profesional con más de 28 años de experiencia en la gestión de proyectos de formación ejecutiva, desarrollo de negocio y relación con clientes corporativos. Su trayectoria está vinculada a la Escuela de Organización Industrial (EOI), donde ha evolucionado desde la coordinación de Programas Nacionales hasta la dirección de iniciativas estratégicas de alto impacto, destacando su contribución al desarrollo del Talento Femenino: Programa Acelera Liderazgo Femenino: «Becoming a Leader« Programa de Desarrollo para la Dirección Mujeres con Alto Potencial Programa Consejera Diversidad y Profesionalización en los Consejos de Administración.
- Especializada en la gestión integral de programas Executive e In Company, destaca por la identificación de necesidades del cliente, el diseño de soluciones formativas, la coordinación de equipos multidisciplinares y la fidelización de organizaciones públicas y privadas. Su orientación al cliente, capacidad de negociación y enfoque en resultados le han permitido desarrollar relaciones de confianza duraderas y garantizar la excelencia en la ejecución de proyectos.
- Actualmente es Directora en el Área de Desarrollo de Negocio y responsable de los programas de Liderazgo Femenino de EOI. Impulsa iniciativas estratégicas junto al Instituto de las Mujeres, Policía Nacional, Guardia Civil, Administraciones públicas y grandes compañías como B/S/H, ENGIE, CASER, SERVEO, FCC, ISDEFE, INDRA, Telefónica, CEPSA, SACYR, CESCE, CNMV, entre otras.
- Distinguida con la Orden del Mérito Policial con distintivo blanco (Oct-2024), concedida por la Policía Nacional, en reconocimiento a mi colaboración en los programas de desarrollo y liderazgo dirigidos a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.
- Grado en Administración y Dirección de Empresas – Universidad Pontificia Comillas (ICADE).
- Máster en Recursos Humanos – Universidad Pontificia Comillas (ICADE).
- Máster en Finanzas y Control de Gestión – Escuela de Organización Industrial (EOI).
- Programa Superior en Coaching Ejecutivo y de Equipos – Escuela de Organización Industrial (EOI).
El PERITO, esa mirada distinta que los Consejos de Administración necesitan.
Cuando pensamos en un PERITO, casi siempre nos viene la misma imagen a la cabeza: alguien que llega cuando el problema ya ha ocurrido, con el encargo de conseguir la mejor indemnización posible. Y sin embargo, esa idea se está quedando pequeña. Muy pequeña y equivocada.
Hoy quiero invitarte a mirar la figura del PERITO de otra manera. No como el profesional que aparece cuando el daño ya está hecho, sino como una voz que puede/debe sentarse mucho antes, allí donde de verdad se decide el futuro de una organización: en el Consejo de Administración.
Porque en el fondo, hablar de un PERITO es hablar de una pregunta muy sencilla y muy poderosa: ¿qué medidas tengo que tomar para evitar que las cosas salgan mal?
Del «cuánto me indemnizan» al «cómo lo evito»?
Durante mucho tiempo, el peritaje se ha asociado a un terreno casi de confrontación: peritajes cruzados, la búsqueda de la mejor compensación, el "juego" de las partes. Una lectura, digámoslo con cariño, un poco sucia.
Pero hay otra forma de entenderlo, mucho más fértil. El PERITO no tiene por qué ser quien mide el destrozo. Puede ser quien ayuda a que ese destrozo no llegue a producirse nunca. Y ese pequeño cambio de enfoque —del daño consumado a la prevención— lo cambia absolutamente todo.
Es, en esencia, una mirada diferente para un mismo objetivo: proteger a la organización y a las personas que la sostienen.
Donde se cruzan el riesgo y la estrategia.
Todo Consejo de Administración vive en una tensión permanente entre dos fuerzas: la estrategia, es decir, hacia dónde queremos ir; y el riesgo, esto es, todo aquello que puede impedir que lleguemos.
El problema es que, muchas veces, esas dos conversaciones ocurren por separado. La estrategia se debate en una sala; los riesgos, en otra, en un informe que casi nadie termina de leer. Y ahí es donde aparece la oportunidad.
El PERITO, por su forma de trabajar, sabe traducir el riesgo real —lo que de verdad puede pasar— a un lenguaje útil para tomar decisiones. No habla de probabilidades abstractas: habla de consecuencias concretas, de escenarios tangibles, de lo que está en juego. Y eso es, precisamente, lo que un consejo necesita para decidir con los ojos bien abiertos.


Comprender el riesgo exige pisar el terreno; contexto que permite el refuerzo de las evidencias sobre las hipótesis. Lugar donde las causas dejan de ser una suposición para convertirse en hechos y donde el PERITO construye un conocimiento basado en el análisis objetivo de esta simbiosis: realidad + estrategia, que en demasiadas ocasiones, se desarrollan de forma paralela.
Nuevos tiempos, nuevos riesgos.
Pensemos en una organización de alto riesgo. Unos grandes hornos industriales, por ejemplo. O cualquier empresa cuya actividad implique procesos delicados, materiales sensibles o infraestructuras críticas. En estos entornos, un error no es solo un número en una hoja de cálculo: puede ser una parada de producción, un problema de seguridad o un impacto que trasciende a la propia empresa.
Y a esa complejidad de siempre, se suman ahora riesgos nuevos que ya están sobre la mesa de todos los consejos:
-La geopolítica, que altera cadenas de suministro y reglas del juego de un día para otro.
-La ciberseguridad, que ha convertido un ataque informático en una amenaza tan seria como cualquier accidente físico.
-El cambio climático, que obliga a repensar cómo, dónde y con qué producimos.
Ante este panorama, la pregunta ya no es si hay que gestionar el riesgo, sino cómo hacerlo con la altura que exigen los tiempos. Y aquí es donde la figura del PERITO puede sumar un valor que hasta ahora rara vez se le había reconocido.
El papel del seguro, bien entendido.
En este escenario no puede faltar el mercado asegurador. Muchas veces lo vemos como la red que nos sostiene cuando caemos. Y lo es. Pero también puede ser mucho más.
Un Consejo bien asesorado no contrata seguros para "cubrirse por si acaso". Los utiliza como una herramienta más de estrategia: para entender su verdadera exposición, para decidir qué riesgos asume y cuáles transfiere, y para dialogar con las aseguradoras desde el conocimiento, no desde la incertidumbre. También aquí una mirada PERICIAL ayuda a que ese diálogo sea justo, informado y realmente protector.
Una identidad que genera confianza.
Si algo distingue al ámbito PERICIAL es su forma de trabajar. Y esa forma se sostiene sobre cuatro pilares que, no por conocidos, dejan de ser valiosos:
-Integridad, para llamar a las cosas por su nombre.
-Lealtad, hacia la verdad de los hechos y hacia la organización.
-Rigor, para que cada conclusión esté bien fundada.
-Transparencia, para que todo el mundo entienda el porqué.
En un Consejo de Administración, donde cada decisión afecta a empleos, a proyectos y a personas, contar con una voz que encarne esos valores no es un lujo. Es una forma muy concreta de generar confianza. Y la confianza, ya lo sabemos, es el activo más difícil de construir y el más fácil de perder.
CONCLUSIÓN
Ampliar el papel del PERITO dentro de los Consejos de Administración —igual que ya se ha hecho un hueco la geopolítica, la ciberseguridad o el cambio climático— es dar un paso natural hacia organizaciones más preparadas, más prudentes y, en definitiva, más humanas en su forma de decidir.
No se trata de mirar el pasado para repartir culpas. Se trata de mirar el futuro para evitar tropiezos.
Esa es la invitación: dejar de ver al PERITO como quien tasa el daño, y empezar a verlo como quien ayuda a que el daño nunca ocurra.
Una mirada distinta, para un mismo y noble objetivo: proteger lo que importa.